Entrevista con Elena Medina de la Viña, directora del 18 Festival de Cine de Madrid PNR
Elena nació en Gijón. Se licenció en Historia del Arte y se doctoró con una tesis sobre el “Cine Negro Español en los años 50” (“lo escogí para la tesis porque fue una época de cambios transcendentales en España, y eso se reflejó en el cine negro, mi género preferido”). Comenzó a trabajar en el Área de Imagen del Ayuntamiento de Gijón, donde fue testigo de los intentos del Festival de Cine de Gijón por encontrar su propia línea, lo que finalmente logró su director actual (“ahora todos aseguran que es uno de los festivales más importantes del país; para muchos, el mejor, pero no siempre fue así”, y cita: “¡las hostias que nos daban!, al festival y a los grupos”, recordando la declaración de José Luis Cienfuegos en el documental Cambia de vida: el viaje del Xixón Sound, que ella produjo y codirigió).
A mediados de los años 90 se traslada a Madrid para realizar un máster en Producción Audiovisual y ya se quedó. Su actividad profesional se ocupa actualmente entre la producción audiovisual y la docencia universitaria.
Este año ha sido la encargada de dirigir el festival de cine de la PNR en esta primera edición en la que se ha dado cabida al largometraje.
Recordamos: el Festival de Cortometrajes de Madrid llegaba este año a su edición 18; para celebrar esta mayoría de edad la Plataforma de Nuevos Realizadores decidió dar entrada en secciones oficiales y paralelas a los largometrajes, con el consiguiente cambio de nombre: desde este año hablaremos del Festival de Cine de Madrid – PNR.
Hacemos memoria de nuevo para resaltar que Elena lo hereda de una saga de directoras: Cristina Andreu, Lola Alonso, Belén Herrera, Isabel de Ocampo… Es un dato poco habitual que nos remite a una polémica actual; el cine, siempre, pero ahora llega la cuestión del género (“la mujer tiene que estar presente en todas las áreas de la sociedad en igualdad de condiciones y en igualdad de competencia que el resto de la Humanidad, es decir, que los hombres; ni más, por ser mujer, ni menos, tampoco. Hablar de discriminación es eso: discriminación”).
El repaso de esta última edición del festival lo hacemos alejados de las salas, y también de Madrid, durante una puesta de sol con fondo de música ambient en uno de esos muchos cafés del mar que proliferan por las costas mediterráneas, o atlánticas, como es el caso (“Madrid sería perfecto si tuviera mar, es lo que le falta; no diré lo que le sobra”).
Primero algunas cifras y datos: este año se duplicó, respecto al año pasado, el número de espectadores en la sala del Círculo de Bellas Artes, sede principal del festival, se recuperaron las proyecciones en el cine Doré de la Filmoteca Española y hubo un día más de sesiones; se recibieron 300 películas a selección, de las cuales se proyectaron 40 cortos y 6 largos en la sección oficial. Además de éstas, en la habitual sección oficial PNR se proyectaron 20 cortos de socios de la Plataforma (7 de ellos también presentes en la sección oficial) y es destacable que dos de los largometrajes seleccionados también estaban dirigidos o producidos por socios de la PNR. Hay dos sesiones en clara consolidación: “Experimenta”, una selección de cortometrajes experimentales, que tenía lugar por segundo año, y “Pasaron por aquí”, un recuerdo, a través de alguno de sus primeros largometrajes, a los directores o productores consagrados que fueron o siguen siendo socios de la PNR; este año se programaron “Hola, ¿estás sola?”, de Icíar Bollaín, y “El regalo de Silvia”, dirigida por Dionisio Pérez Galindo y producida por Rafael Álvarez. Además, las ya clásicas secciones dedicadas a “Documenta Madrid”, “Panorama Internacional” (con México como país invitado), o “Hecho en Castilla La Mancha”; y algunas otras novedades, como un homenaje a Miguel Morayta, centenario director originario de la Mancha, aunque afincado en México, un ciclo dedicado a las relaciones del cine y el tango (“Cinefilia Tanguera”) y dos largometrajes documentales que conformaron “Una mirada documental”.
Pregunta: Una extensa programación…
Elena: Fue una apuesta importante, trabajábamos con un lema implícito: “cine contra el desánimo”. Hay que sobreponerse a la adversidad y todos, cada uno con sus armas, debemos luchar para salir de este agujero.
P: ¿Es un balance positivo la incorporación del largometraje?
E: Totalmente. Ha sido el primer año y hemos tenido un interesante número de largos presentados. La sección oficial es una muy buena representación de su calidad. Buscamos un hueco propio, para ello era necesario renovar. De ahí esas secciones oficiales y paralelas de largometrajes, con unas películas muy determinadas.
P: ¿Se seguirá prestando igual atención al cortometraje que hasta ahora?
E: Por supuesto. La sección de cortos sigue siendo una parte esencial del festival, tanto en secciones oficiales como paralelas. Insisto en que nosotros hablamos simplemente de películas, en distintos formatos, pero les prestamos la misma atención a todos. Recordamos que la Academia de Cine ha incluido éste en la lista de los festivales cuyos premios permiten la preselección para los cortometrajes nominados a los Goya.
En cuanto a los premios, hemos modificado cuantía y variedad, hemos preferido dar menos premios pero con más cantidad, para que realmente sea un reconocimiento a la calidad de la obra presentada por el productor o el director.

Pilar Gómez, presentadora de las galas y Nereida López, Jefa de Prensa
P: ¿Es un festival de referencia en Madrid?
E: Es un festival de referencia en el mundo del cortometraje, y a partir de ahora nos empeñaremos en que lo sea también en el largo, dentro del campo de la ficción.
P: ¿Qué línea se pretende consolidar?
E: Buscamos un cine con nuevas fórmulas para la producción, que pueda tener nuevos planteamientos en cuanto a producción y distribución, pero que no por ello deba dejar de ser comercial, entendiendo como tal el acceso de la película al público y a la sala. En cuanto a largometrajes, hablamos de películas de bajo coste, pero con calidad y factura para la distribución. Todas las películas de la sección oficial son perfectamente aptas para la sala. Son otras fórmulas de producción y de narrativa, pero tienen su público, y se ha visto en el festival, aunque la distribución, después, no se arriesgue con películas como éstas.
P: Nos aproximamos a la polémica del año…
E: No nos gusta que se prioricen unas normas de producción, un tipo de empresa, porque hay mucha gente con capacidad de producir, de crear y comunicar, pero con otro tipo de productos desplazados por los grandes. ¿Por qué hay que hacer menos películas? ¿Por qué no se van a poder hacer películas pequeñas, si son interesantes? También hay películas grandes hechas con mucho dinero que son grandes tonterías. Me encanta el cine norteamericano, pero encaja perfectamente en ese modelo único de producción, y ese mismo esquema está devorando a sus cineastas independientes, que están viniendo a rodar a Europa. Si aquí adoptamos ese modelo, ¿qué quedará?
Quizás las más perjudicadas sean las películas medias porque se disputan el mercado con las películas de más presupuesto, y no pueden competir.
Las que se consideran “de autor” tienen otros cauces y otro público, pero también es insuficiente para la amortización. Ya lo sabemos pero no está de más recordar que muchas películas recurren a la autodistribución en sala. No les queda otra posibilidad porque los distribuidores no compran películas que les van a levantar de la sala antes de obtener recaudación. No tenemos dinero para publicitar de la manera en que se está haciendo con las grandes producciones, es de libro, pero no lo hay, los pequeños y medios productores no lo tienen, no les daría para hacer la película. Por eso necesitan que tenga una vida comercial más larga, tiempo, pero cuando la gente se entera de que la película merecía ser vista, ya está fuera de la sala.
No hay que buscar ejemplos desconocidos, le pasó a “El hijo de la novia”. Al poco de su estreno en España, la retiraron porque necesitaban las salas para un blockbuster (no recuerdo ya cuál era esa gran producción), pero el productor y el distribuidor siguieron peleando hasta que lograron su vuelta a la sala, con el resultado conocido, pero lo más habitual es que no lo consigan. Hay películas malas, claro, pero hay otras muy injustamente tratadas. En definitiva, esa tendencia de menos con más dinero está destinada a satisfacer a las grandes productoras y cadenas de televisión.
Es evidente que Elena se adentró en asuntos que la apasionan, así que continuamos hablando sobre la distribución de películas de largometraje como las que se incorporan desde este año a la programación del festival.
E: Hay circuitos independientes, pero faltan los circuitos alternativos. Hay salas, pocas, pero no conforman un circuito que llegue a un público informado de una programación habitual en estas salas. Ese circuito es casi la única posibilidad de generar un poco de dinero para las películas que circularan en él. Ahora es una batalla individual. No es fácil de mantener, pero en algunos lugares los hay.

Elena Medina con Amanda Guadamillas, presentadora-moderadora de las mesas redondas
E: Tampoco estoy tan segura de que la sala desaparezca. La gente va menos al cine, pero no creo que el cine en el futuro vaya a ser necesariamente un disfrute solitario. ¿Por qué la gente baja al bar a ver un partido que puede ver en su casa? El todo ya y ahora también lo puede ofrecer la proyección digital, el estreno digital, y no necesariamente hablamos de gran cine, una sala digital puede proyectar en un pueblo remoto, siempre que el sistema digital que se adopte, y esto es fundamental, no sea un sistema monopolizado.
Ya hay festivales de cine que prescinden de la sala cinematográfica, es válido y además tienen otros valores añadidos, también interesantes, pero yo apuesto por un festival que siga buscando la sala porque prefiero hablar de un acto colectivo, hasta los museos necesitan la colectividad. Puedo ver los cuadros de Renoir en Internet, pero ¿es lo mismo?, ¿es lo mismo ver la película en una pantalla de ordenador de 17”? Salvando las distancias impuestas por la sala oscura y el necesario silencio, es también la diferencia entre escuchar un disco o asistir a un concierto (que por cierto, tampoco entiendo por qué se va a un concierto para charlar con los amigos –a gritos, claro-).
P: Al celebrar un festival en Madrid, ¿nos encontramos con problemas específicos para llevarlo a cabo y alcanzar la resonancia necesaria?
E: Creo que sí, comenzando por el de la financiación, que, en diferente escala, nos afecta a todos los festivales de Madrid. Además, en la Comunidad hay muchas actividades, con mucha relevancia y mucho gasto en publicidad, y es muy difícil romper la barrera del anonimato. Los festivales en Madrid, tenemos que definir bien el público al que queremos llegar y consolidar una buena programación, con actividades interesantes y atractivas para él.
P: Y el nuestro ¿hacia dónde podría dirigirse?
E: Podría convertirse en un festival plataforma, una ventana para algunas formas de producción y una referencia para un estilo de productor. Ese sería el fin último.
P: Vamos cerrando entonces nuestras conclusiones: ¿hay creatividad o la crisis también afecta a las ideas?
E: Hay creatividad. La crisis de ideas es principalmente la excusa para no arriesgarse, para no meterte en cosas más complicadas o justificar la pasividad, para cuando la industria va mal; es una cuestión de industria, pero se dice que es de ideas y creatividad. Lo que he visto en el festival goza de buena salud. Si dejáramos de mirarnos el ombligo y viéramos lo que puede hacer otra gente más joven, o menos implantada, o con menos nombre, muchos de los que viajan por caminos trillados se podrían llevar una sorpresa.
Jose Fernández.